21 de agosto de 2010

Brindis



Brindo por lo encontrado y lo perdido, por la sangre derramada, por las lágrimas vertidas. Y por la vida ajusticiada, mi corazón brinda de nuevo en las espumas de los días… por estos cielos que son mares y por estos mares que son ríos.
Brindo por este canto ya cantado que mana voces todavía, por un poema inacabado y una flor en agonía. Y aunque la luz de esta mañana pueda secarme las pupilas, brindo por la ceguera y por la noche, y por la tristeza de cada soledad. Y brindo por los viajes y los sueños aunque ya sólo estén en los recuerdos.
Brindo por las horas últimas de vuestros pensamientos porque sé que la muerte bebe de la vida, mientras el corazón repite ensimismado, horas, sueños, delicias o venturas que ya no me pertenecen y, sin embargo son mías.
Y ahora con mi copa levantada, os pido:
Enseñadme a no querer más de lo que pueda dar.
A separar lo real de la fantasía.
A no mirar las cosas superficialmente ni a ahogarme en vuestro recuerdo.
A no ser transparente pero dejar pasar la luz de vuestra presencia en mi vida.
A ser fuerte para que nada me afecte hasta la agonía.
A aceptar que todas las horas hieren pero la última, mata.
A mirar a través de vuestros ojos.
A controlar mi ego amparada en el reflejo de vuestra voz.
A no sufrir cuando lo inevitable se afianza en mi derredor.
A saber que me queréis y os quiero como la primera hora.
A ser mejor de lo que fui.
A no ser débil, en fin… porque lo he sido.

Y así… brindemos juntos por ese camino aún por recorrer, que en algún recodo me llevará hasta vuestra espera, para terminar sin duda, la bella historia que los avatares de una suerte desgraciada, ha truncado sin piedad y sin aviso.

Brindo por lo por venir… con la promesa de ser yo y de que los dos seáis eternos.