6 de agosto de 2010

Entre mis piernas



La tarde descarga su palidez de ocaso en una estela de humedades que invita a cubrirse con algo suave en símil de soles y lunas.
El trabajo intenso de las primeras horas ha trascurrido gratificante, el café con doble de amor y doble de dulzura con las amigas, señala el momento de complicidad y confidencias dejando la vida detenida en ritual diario de descanso, pero el momento del regreso a la soledad del hogar vomita el ahogo que desde hace meses anega las entrañas en el denso dolor de un silencio inexpugnable.
Cuando el corazón no encuentra razón, el alma se devora a sí misma en derroche de sufrimiento y la mente, acosadora cruel de recuerdos enquistados, estalla en cristales de afilados reflejos evocadores
No hay vida, no hay calor, no hay sorpresa y se agota la esperanza entre lágrimas quebradas de presagios indecentes. .. hasta que llega tu imagen y me desborda, acaricia, apasiona y enternece.
Sentada en el suelo, dejo que la brisa te enrede entre mis piernas para mirarte, sentirte, quererte y que me duelas para saberme viva… Intenso, tu energía me desborda; poderoso me mueves la tierra.
Acaricio tu amor, profundo, mágico, trágico… y comprendo que me perdería si no te supiera.
Reconozco tu mirada preñada de umbría, con brillo de duelo.
Recorro tus hombros fuertes soportando el peso del mundo en nidos de nostalgias.
Beso tu rostro inclinado escondiendo en un gesto eterno la pena de la historia.
Recojo tus manos guardianas de infinitas caricias escondiendo los labios en el rincón furtivo de tu ternura infinita.
Busco tu boca generosa y habitable desparramándome en pasión y cariño y su sabor me descubre que…
…si no existieras, te hubiera tenido que inventar, hombre en la tormenta, para navegar los mares de mi alma con la sangre de tu pena, la fuerza de tu amor y el rubor de tu sonrisa, protegiéndote ahora, entre mis piernas.