10 de agosto de 2010

Espera



En algún lugar he leído algo así como…” No te quemes en el fuego… arde con él… disfrútalo… siéntelo. No te ahogues en los mares… húndete en ellos… quiérelos… Deja que el viento te haga volar”
Pero no siempre puedo abstraerme de lo que me rodea e incluso de lo que me invade desde dentro o desde fuera. En ocasiones, leo, escucho casi, y ni el sentimiento ni el tiempo me permiten, celosos cancerberos de egoísmos escondidos, extenderme en manifestaciones de ningún tipo. Y aparcamos el momento en un rincón de nuestras manos, para dejarlo salir cuando el corazón y la cabeza están serenos, generosos y claros. Pero nunca, nunca... nuestro silencio se pasea por el filo de ninguna hoja fría, porque en ese caso el primer herido sería nuestro eco, el hermoso eco de los cantos de sirena de un corazón, aunque a veces el llanto por no poder ir más allá, anegue el cauce de nuestra vida.
Siempre estoy volviendo, pero nadie me dice de dónde.