9 de agosto de 2010

SIN NOMBRE



Escribe y en sus manos sin forma
de leve peregrino
hay un nido pequeño
de palabras
dormidas;
quiero mirar el agua
de tus ojos
y pedirle
a la blandura honda
como rosas de viento
de tu voz, que
me diga...
también mis ojos buscan
el ocre estremecido
de la tristeza sin ruidos,
a la barca sola
amarrada por silencios...
del despertar perezoso,
del rocío en el cuerpo,
pregunto si una tarde,
una de esas tardes de olvido,
cuando en la distancia
ya me haya ido,

llegará hasta el silencio,
ese que es mío,
la blancura tenue
de tu nombre de olvido,
cuando algún poeta
vuelva
de sus sueños
de estío,
sentirá en la piel, frío!