27 de marzo de 2011

AL ATARDECER

De un invierno,
se reunieron los amigos,

de tiempos y distancias,
en esa esquina, que no es otra,
llevando un bolsito, arrugado,
la merienda de hoy, de mañana;
por las calles vacías,
a esa hora,
caminaron despacio,
mirando el cielo,
de cuando en cuando,
dejando una lágrima, colgada,
en la estrella del sur;
Juan Pérez, se abriga
del pampero y 
de achica para dentro,
su cabecita, pobre, entre
los hombros;
y se mira despacio,
en la última
vidriera, del ultimo comercio;
por un camino, de greda,
camina despacio,
junto a los amigos,
de tiempo y de distancia;
una luz muy roja,
lo toca en el costado
y se mueve sin tino, como un títere dormido;
Juan Pérez, se ve en el silencio,
se ve en la boca de angustia
de algún grito;
en la serranía que toca a degüello,
se ve en la curiosas disputa,
de los ojos;
un zapato brilloso,
paso por su nariz, el espejo de
su bronca,
y el frío del cielo, lo mira,
silencioso;
el pampeano, desperezó, la noche,
la noche provinciana,
y la acequia, es un río colorado,
de estribillos y banderas,
de cabecita pobre,
se escapa de los hombros
y mira con sus ojos
de amatista, crudo,
de aguas estancadas,
hacia la esquina, chica,
de su silencio ,único;
se murió Juan Pérez,
amigos, de los otros!