13 de agosto de 2011

DE LUCES Y DE SOMBRAS



Un claroscuro incierto,

de luces centelleantes y de ahusadas sombras,
se cernía entre la dorada espiga del estío,
crepitaban en él las ascuas encendidas
de tus dos pupilas,
explorando, con avidez lupina,
la roma desnudez de mis pechos,
rosas de los vientos hechas mariposas,
aleteando hasta alcanzar los cielos,
cadenciosas, como el ritmo concupiscente
de mis caderas ceñidas al magro vaivén de tu pelvis.

 
Relumbran fulgores de un tiempo pretérito,
cautivos recuerdos de lo no vivido.
Un sol nos navega por venas y arterias,
por fluidos ríos y salobres mares,
recorre senderos,
abriendo los surcos de un placer convexo,
desgarra el silencio de la mansa tarde,
asciende los montes, penetra en los valles,
tus manos, las mías,
se buscan, se entregan,
son blancas palomas su nido zurciendo,
son polvo de estrellas en el firmamento.


Mayte Dalianegra.




SÍRVEME


Sírveme en sacro cáliz la dulzura untuosa
que de tu núcleo fluye,
lácteo manantial de candente lava,
proscrita locura de ígnea simiente,
sírvemela envuelta en voluptuosa copa,
cual santo grial,
que mis labios, ávidos, la devorarán.





Y dame tu boca,
¡qué se ha de nutrir esta loba hambrienta!





Que no vean mis ojos la aurora nacer,
que no me percate del clarear del cielo,
prefiero morirme en la noche oscura
y perderme entonces en las arboledas
de tu tez morena,
de tus manos ciegas,
de tu torso húmedo,
y quemar las naves, que no han de surcar
ya jamás más mares que ése que circunda
al cabo que emerge,
carnal promontorio,
en tu austral mitad.


Mayte Dalianegra.




EL RECUERDO AMADO

Callado el corazón, mudos los labios,
certero el aguijón que en mi pecho clava
la dulce amargura del recuerdo amado,
envuelto en el veneno de la ira.





Y esa voz profunda, surtida de mares,
y ese terciopelo que en mi vientre anida
y ese ser el faro que tu vida alumbre,
que en la noche oscura te sirva de guía.





De rubicundo ámbar, de salino estertor
se viste mi cuerpo desnudo ante el tuyo,
presea jugosa, brillante amatista,
hiendes en mis ingles tu furor de macho
y retorno el goce con clamor marino.





Amado por siempre, que jamás te olvido
y ni un solo instante mi mente se aleja
del grato recuerdo de tus ojos brunos,
de tu piel morena, de tus carnes prietas,
de tus manos tiernas, de tu lengua trémula.


 
 
Mayte Dalianegra.



Les dejo su Web para que la visiten, es digna de visitarla y quedarse en su rinconcito.
Encontré a Mayte por medio de una amiga, Taty Cascada que me hablo de su bella poesía.