2 de agosto de 2010

Bajo tus cerezos



Es una noche como muchas otras en las que dejo que el cansancio aparezca lentamente entre suaves notas de música, alimentándome de las páginas del último libro que me cautiva.

Las cortinas se agitan mecidas por besos de brisa, sal de mar, blanco de estrellas.

 
Llamas de velas compañeras de nocturnidad, titilan coquetas en reunión de luciérnagas sedentarias alrededor del silencio, testigos insistentes de añoranzas y deseos que procuro cercenar de la memoria para no desbordarme en tormento de ti, perdida en la madrugada interminable del consciente de tu ausencia, en desatino lacerante de locura.

Pero… quisiera recibir el guiño del amanecer dormida sobre el plexo de tu sueño.
Y quisiera sentir cómo te rompes en mi cuerpo y en mi alma, remedo de pasiones y caricias ancestrales.
Y quisiera destrozarme en mil pedazos maná de tus manos y tus labios.
Y quisiera acariciarte y reconfortarte y amarte, deteniendo el acíbar de tu vida, brizándola en el seno envolvente de la luna mientras te susurro bajito y al oído la frase que dejaste en la curva de mi pensamiento, grabando mi destino junto al tuyo…

“Sólo soy un bucle que se ondula lentamente bajo tus cerezos… Sólo soy un bucle que se ondula lentamente bajo tus cerezos… Sólo soy… “