27 de agosto de 2010

MIEDO QUE ACALLA


Allá en un asiento
de una fría plaza
hay un niño triste
de mirada baja.

El niño está triste.
El niño no habla.
Mira fijo y calla...
y la gente pasa.

El chico está solo,
nadie lo acompaña.
Me acerco y con calma
Le pregunto ¿Qué pasa?

Él no cuenta nada.
Su voz está ahogada.
El miedo lo acalla.
Se me parte el alma.

¿Querés tomar agua?
¿Dónde esta tu mama?
Por su mejilla blanca
una lágrima baja.

Cuando le pregunto
donde está su casa,
él mira hasta el cielo
sin mediar palabra.

Quizás (pienso) tenga
vacía la entraña
y entonces le ofrezco
una roja manzana.

Pero él no responde,
no responde nada.
La feroz mordaza
le congela el habla.

Su cerviz inclinada.
Su cabeza gacha.
Un nudo en su garganta.
Solo mira y calla.

Su voluntad quebrada.
Su niñez vulnerada.
Su vida acabada.
Su dignidad, violada.

No logro sacarle
ni una palabra.
Pero en su mirada
supe qué pasaba.

Conocí una historia.
No adiviné nada.
No hablaron sus labios.
Me habló su mirada.


Derechos de autor reservados por Rubén Sada.