5 de agosto de 2010

Un respiro



Un respiro
Tómate un respiro poniendo el corazón al frío durante la tormenta, guárdame la luz de tus pupilas, levanta tu rostro y busca la luz para que no naufrague en la oscuridad el tiempo de nuestro encuentro.
Mientras tanto,
háblame con tus silencios, reemplázame en tu cielo, sacrifícame en tu almohada y en tu piel. Equivócate en tu duda y en tu cama, ponle rostro a tus instintos; ponle mi nombre a tu voz mientras, lo murmuras despacio y lo escondes.
Tómate un tiempo que yo viviré esperando.
Mientras tanto,
mi angustia se confundirá con tu llanto porque el deseo y el amor no muere con la prisa. Deja que nuestros pasos los lleve el río y guárdame un atajo por si caes en el precipicio; no mires hacia el fondo, extiende la mano sin miedo que ella te mantendrá en equilibrio.

Si nos cruzamos en la calle, imagina que yo no existo; hazme desconocida en tu tempestad. Si levantas la mirada y reconoces mi boca, jura que es un reflejo de otra boca y aparta la imagen de tu propósito; si buscas mis caricias en tu cuerpo apaga los fuegos que despertaron.
Y si consigues tanta fuerza en el sueño de un instante… el grito desgarrado que reconocerás de un ángel, te anunciará irremediable que ha arrancado sus alas tintando de sangre las sombras. Sabrás que ya no espíritu, mortal irremediable, recuesta el pudor de su desnudez en la oquedad de la huella de locura, recuerdo, y deseo que se tejió irremediable a lo largo de años sabiendo que todo sucede por algo.