19 de octubre de 2010

Finisterre

 
 
El sol esparciendo el otoño disculpa su ausencia
entre las horas muertas que acompañan al ocaso.
Llueven gaviotas en Finisterre
que apuran los rayos tenues que ya se van en su búsqueda marina.

Las almas recogidas de los muertos otean el horizonte,
como las gaviotas,
espiran resignados un nuevo ayer.

En las azoteas de los acantilados brilla el silencio
y la voz de un mar hambriento recorre las almas de los que aun viven.

Sobre su lecho de estrellas, la luna descansa
y yo escribo en estos atardeceres vacíos sobre la nada,
esperando un gesto de misericordia que me libere
de mi caminar errante hacia tu encuentro.

Así que dirige tus pasos hacia mi presencia,
que si tú me aguardas será en vano.

Anclado a esta nostalgia te espero
aquí, en donde el sol se muere esparciendo el otoño,

Más allá, no me busques, ya no queda nada.