10 de octubre de 2010

La lucha

 
 
La tarde se agosta lentamente entre sonidos ajenos y latidos propios para descansar distraída entre las brumas de noche engañosa.

 En mi corazón amenazan sombras de temores inevitables y eternos.

 El cielo pintado de girones oscuros presagia horas de brujas y aquelarres, conjuros ancestrales de seres de sombras, depredadoras ansiosas de sangre y poder.
Sólo la luna se insinúa amiga de eternas horas de espera y amores, dejando en la boca preguntas vacías gastadas de llantos silentes que no saben de estrellas.
A lo lejos,  luces se alumbran de vidas anodinas en el tintineo monótono de voces opacas .
Es la hora en que la carne se hace sangre y el instinto se debate entre abandonarse y despertarse; el momento de correr hasta el horizonte parando el fuego del sol en el ocaso o abandonarse y recrearse perdiendo la oportunidad postrera de seguir siendo  animal latente. perdido entre dudas eternas de sendas en destinos escritos o alimaña curiosa al acecho de sueños vírgenes de deseos, hundiéndose en caída libre hacia pozos sin fin.

En mi corazón lucha el instinto de la fiera con la calma del anochecer.

La pasión que destruye  y el bálsamo que cura, equidistantes de mis sentidos,  muestran sus armas coqueteando con mis deseos,  una puede conducirme al éxtasis del desorden infinito extinto en su naturaleza de caos… el otro quiere reconstruir mi corazón y besarlo y acariciarlo y calmarlo y curarlo y ennoblecerlo.
En la lucha descarnada de una contra otro las sientes palpitan queriendo estallar,  la venas se hinchan endurecidas de soberbia  y hartazgo  y la mente cansada del eterno dislate, pospone el desenlace, condena o gloria, esperando la señal  anunciación  del momento exacto en que se abre la línea invisible entre salvación o condena, émulo de aquellas trompetas de Jericó que anuncian inexorables el momento del ataque en arrebato del arma mortal desenfrenada.