8 de octubre de 2014

Nocturno

De Occidente la luz matizada

Se borra, se borra;
En el fondo del valle se inclina
La pálida sombra.

Los insectos que pasan la bruma

Se mecen y flotan,
Y en su largo mareo golpean
Las húmedas hojas.

Por el tronco ya sube, ya sube

La nítida tropa
De las larvas que, en ramas desnudas,
Se acuestan medrosas.

En las ramas de fusca alameda

Que ciñen las rocas,
Bengalíes se mecen dormidos,
Soñando sus trovas.

Ya descansan los rubios silvanos

Que en punas y costas,
Con sus besos las blancas mejillas
Abrazan y doran.

En el lecho mullido la inquieta

Fanciulla reposa,
Y muy grave su dulce, risueño
Semblante se torna.

Que así viene la noche trayendo

Sus causas ignotas;
Así envuelve con mística niebla
Las ánimas todas.

Y las cosas, los hombres domina

La parda señora,
De brumosos cabellos flotantes
Y negra corona.
 
Autor: José María Eguren