26 de febrero de 2015

Ven a mi pecho, alma sorda y cruel

Ven a mi pecho, alma sorda y cruel,
Tigre adorado, monstruo de aire indolente,
Quiero enterrar mis temblorosos dedos
En la espesura de tu abundante crin,
Sepultar mi cabeza dolorida
En tu falda colmada de perfume
Y respirar, como ajada flor,
El relente de mi amor extinto.
¡Quiero dormir!, ¡dormir más que vivir!
En un sueño -como la muerte- dulce,
Estamparé mis besos sin descanso
Por tu cuerpo pulido como el cobre.
Para ahogar mis sollozos apagados
Sólo preciso tu profundo lecho,
El poderoso olvido habita entre tus labios
Y fluye de tus besos el Leteo.
Mi destino, desde ahora mi delicia,
Como un predestinado seguiré,
Condenado inocente, mártir dócil
Cuyo fervor crece en el suplicio.
Para ahogar mi rencor apuraré
El nepentes y la cicuta amada
Del pezón delicioso que corona este seno
En el que nunca hubo un corazón.
 

Autor: Charles Baudelaire