14 de noviembre de 2015

Desvelo



A la hora del alba cuando el sueño
me abandona,
recorro los momentos
de nuestro amor, en busca
de los rostros de entonces,
los sueños, las palabras.


Todo en vano.

Nos fue borrando el tiempo,
sus implacables manos,
deshaciendo los cuerpos para sólo
dejarnos, viva llama, que no cesa
de arder en el vacío.





El escudo

Cuánto te quise, amor, cuánto te quiero,
más allá de la vida y de la muerte.
Y aunque ya nunca más he de tenerte,
eres de cuanto es mío lo primero.


Más que el sol del estío, verdadero,
tu recuerdo mitiga, por mi suerte,
la sombra que me ciñe, y se convierte
en la luz que ilumina mi sendero.


Nada ni nadie desterrar haría
de mi frente aquel tiempo jubiloso
en que eterna la dicha parecía.


Contra el olvido y su tenaz acoso
defenderá por siempre y a porfía
su condición de escudo milagroso.





El llamado

Tú estarás lejos.
Yo dejaré la vida
como un ramo de rosas
que se abandona para
proseguir el camino,
y emprenderé la muerte.


Detrás de mí, siguiéndome,
irán todas las cosas
amadas, el silencio
que nos uniera, el arduo
amor que nunca pudo
vencer el tiempo, el roce
de tus manos, las tardes
junto al mar, tus palabras.


Si donde estés tú oyes
que alguna voz te nombra,
seré yo que en el viaje
te recuerdo.


 
 

Huésped sin sombra


Nada deja mi paso por la tierra. 
En el momento del callado viaje 
he de llevar lo que al nacer me traje: 
el rostro en paz y el corazón en guerra. 

Ninguna voz repetirá la mía 
de nostálgico ardor y fiel asombro. 
La voz estremecida con que nombro 
el mar, la rosa, la melancolía. 

No volverán mis ojos renacidos 
de la noche a la vida siempre ilesa, 
a beber como un vino la belleza 
de los mágicos cielos encendidos. 

Esta sangre sedienta de hermosura 
por otras venas no será cobrada. 
No habrá manos que tomen, de pasada, 
la viva antorcha que en mis manos dura. 

Ni frente que mi sueño mutilado 
recoja y cumpla victoriosamente. 
Conjuga mi existir tiempo presente 
sin futuro después de su pasado. 

Término de mí misma, me rodeo 
con el anillo cegador del canto. 
Vana marea de pasión y llanto 
en mí naufraga cuanto miro y creo. 

A nadie doy mi soledad. Conmigo 
vuelve a la orilla del pavor, ignota. 
Mido en silencio la final derrota. 
Tiemblo del día. Pero no lo digo. 

 


 
Raíz antigua

No es de ahora este amor.
No es en nosotros
donde empieza a sentirse enamorado
este amor por amor, que nada espera.
Este vago misterio que nos vuelve
habitantes de niebla entre los otros.
Este desposeído
amor, sin tardes que nos miren juntos
a través de los trigos derramados
como un viento de oro por la tierra,
este extraño
amor,
de frío y llama,
de nieve y sol, que nos tomó la vida,
a leve, sigiloso, a espaldas nuestras,
en tanto que tú y yo, los distraídos,
mirábamos pasar nubes y rosas
en el torrente azul de la mañana.


No es de ahora. No.
De lejos vine
-de un silencio de siglos,
de un instante
en que tuvimos otros nombres y otra
sangre fugaz nos inundó las venas-,


Este amor por amor,
este sollozo
donde estamos perdidos en querernos
como en un laberinto enamorado.


 



Reclamo
¡Amor! ¡Amor! ¡Qué has hecho de mi vida!
mi vida era como un agua mansa,
como un agua ceñida. ..

Antes de ti, ¡qué fácil para el alma
la espera de sus pasos, y qué fácil
su ligera partida...!

Antes de ti, ¡qué fácil la ventura
frente a la lluvia clara y el silencio
de las tardes dormidas...!

Pero contigo, Amor, cómo se vuelven
la espera y el partir angustia viva. ..
¡Cómo tus manos claras, inasibles,
rompen las horas mías!

Contigo, Amor, la lluvia no es "la lluvia'"
ni me da su regalo de sonrisas,
y es tortura el silencio cuando pasa
por las tardes dormidas...


 

Antes de ti, qué fácil el olvido
del país todo rutas para el sueño
que detrás de sus ojos existía...

Antes de ti, qué fácil el momento
de la estrella primera, sobre el Ángelus
brillando sorprendida...

Pero contigo, Amor, cómo se vuelven
la estrella y olvidar angustia viva...
Cómo tus manos claras, inasibles,
la dulzura me trizan...

Contigo, Amor, este fingido gozo
mientras el alma cuenta sus espinas,
y esta quebrada voz para su nombre,
y este afán inquietando la alegría...

Contigo este decir atribulado...
¡Amor! ¡Amor! ¡Qué has hecho de mi vida!





Soneto del amor evocado

Toca mi corazón tu mano pura,
lejano amor cercano todavía,
y se me vuelve más azul el día
en la clara verdad de la hermosura.


Memoria de tu beso, la dulzura
recobra su perdida melodía.
y torna al cielo de la frente mía
el ángel inicial de la ventura.


El viento es otra vez un manso río
de jazmines abiertos. El estío
entreabre su vena rumorosa.