24 de agosto de 2010

Búsqueda



He bajado a la calle lentamente, he mirado a los otros, he mirado a mi alrededor, y estaban los otros, pero no estabas tú ni me he encontrado yo.

Tal vez porque lo que busco en los otros, en mí, no existe y porque tú no estás o posiblemente, ellos tampoco o quizás porque llueve y las lágrimas borran el rastro o, porque esos otros están conformes con sus vidas, pareciendo lo que son, o lo que quieren ser, mientras sus más íntimas sensaciones, pasiones y deseos, permanezcan adormecidos y que, como esta tarde, la lluvia pertinaz, borre ese rastro del recorte de las sombras anodinas e infelices.

La luna entrevista entre las nubes, es casi una cuna imperceptible, los poetas están sin musa y los enamorados ausentes, los lobos silenciosos aúllan ciegos ante el asombro de su orfandad y las lágrimas de los tristes se anegan entre mareas de sabia de futuros brotes de vida. Pero sigo buscándome entre los otros, sigo sin estar y no te encuentro a ti, ni a ellos. Quisiera encontrarme y encontrarte y fundirme y desnudarme y reconocerme.

Si pregunto a mi imagen, escapa titubeante entre minúsculos reflejos de espejos rotos esparcidos entre lagunas efímeras; no puede ser extinto un diálogo que no ha comenzado y sin embargo, no es un contrasentido, si puedo oírme y si recuerdo tu voz y el sonido de tus silencios y si percibo el rumor de la no presencia de los demás.

Así, con los ojos extraños, e interrogantes en la boca, cuando aparezca la duda, esperaré a mañana que termine la noche, para bajar despacio y seguir buscando entre los otros, la presencia huérfana de ti y de mí que me devolverá impasible el reflejo inevitable de nuestra imagen, la tuya, la mía, la de todos, deformada por los espejos cóncavos de la ausencia.