24 de agosto de 2010

CASI SIEMPRE EL MAR

Sobre el mar que cruje,
silva una ola,
y en las calles desiertas,
se precipitan pasos
sin horas;
detrás de la nube,
en el vacío y la nausea
un muchacho vulgar
quema sus ansias;
por los rostros desiertos
de lugares sin nombre,
se percibe el silencio,
como un pájaro muerto:
doblan las campanas,
resuenan timbales
y un tango se quiebra
en la voz del aire;
calles diminutas,
como de juguete,
gente que se pisa...
y en la esquina sola,
un farol pegado;
cielo agonizante
entre blandas nubes
y oro de cobre
que rompe medallas,
sobre el mar que cruje
y pasos que escapan,
las sombras se meten
y un pájaro muere.