25 de mayo de 2011

TRIPTICO SUBRREALISTA



Es mi mano de niña que no ha crecido
El tiempo se ha parado en las sombras de mi bicicleta
Se ha escondido en mi mochila, tiene alas, se ha dormido
Me lleva en volandas a la escuela, a la universidad, al trabajo,
al campo, a la galería de arte, al jardín de tulipanes
donde cultivo sueños;
allí, aquí, todavía te espero, amor,
en aquella esquina del primer beso,
en aquella playa sin fin cuando el horizonte me traía tus ansias
o ahora en el resquicio de una pantalla abierta a los caprichos.
En el movimiento de los pedales que surcan contraluces, allí
se ha parado la estrella a darme luces,
entusiasmos, plenitudes de vivencias intensas.
Son los evocadores misterios, las dulces sensaciones de infancia
que me engañan, pero quiero que lo hagan, porque me gusta el juego
de sus fotomontajes que me obligan a evocar lo vivido.
A inventar de nuevo el mundo,
no importa que se me caigan los cabellos
o que el frío me parta la frente cuando paso por la muralla de los años.
Llevo arraigada la esperanza al alma, me sostienen mis manos
y aquella manga del abrigo viejo
tan eterno que todavía se me pega a las horas su paño carcomido.
¿Quién sabe nada de mis pasos? Sólo yo sé de mi lo suficiente
La calle me embriaga. En esa confluencia de sabores
emborracho mi alma campesina, urbana, humanitaria, salvaje, infantil
Me recreo el instante y todo lo que veo me subyuga
No importa que no sea nada cierto
Que las baldosas sean los triángulos
Que los triángulos sean las piedras sillerías
de los infranqueables muros de las fortalezas, no importa,
que todo sea distinto a lo que me parece
y que los suelos húmedos de los viejos cenobios
enmarquen los caminos circulares.
Me puede esta mano de niño, de niña, que no ha crecido
Que se aferra a mi emoción, a mi atrevido deseo de vivir,
de ser, de estar de caminar pensándote en laberinto de contradicciones.
Deseo besarte, Amor, como si fueras todo el cielo en la tierra
Y no me avergüenzo de amar, de amar siempre, al aire libre,
en privado, en los huecos de mis fantasías, en la libertad de mis pasos
en la serenidad de los cementerios, en la noche, en el día
de mis intimidades…
Soy la mujer, el hombre maduro, el niño, la ternura que ama al mundo
a las gentes que pasan por mi lado, que me habitan, que me suceden,
que me hieren.
Prefiero los recuerdos, incluso el desencanto, a no tener nada
que llevarme a la boca
Soy esa Trinidad que el fotógrafo (Gurb) ha captado de pronto
o lo ha premeditado en su cuarto oscuro
para traerme la sonrisa
y el asombro
ante el tiempo parado entre aquellas sombras danzarinas
de mi bicicleta.

© Julie Sopetrán