14 de julio de 2011

Un lirio en el desierto



Existe vida aún en el desierto,
un lirio creció entre los espinos,
dio flores de colores encendidos,
llenó aquel lugar de brío excelso.

El amor duró lo que dura un lirio,
tan sólo un día cambió el paisaje,
mas fue razón que bastó para amarle
y borrar del dolor todo vestigio.

En el desierto ponderé las cosas,
siendo claro y sin nubes su cielo,
pude ver que la vida era hermosa.

Entre el dolor y yo puse distancia,
en un mundo distinto y sereno,
hallé paz y se afirmó la esperanza.




 

El silencio de la soledad
 

Cual reo condenado a cadena perpetua
en mi habitación doy cien mil vueltas;
solitario un pensamiento revolotea,
como mariposa confinada aletea,
en batalla mortal contra su sentencia;
de todos los rincones salta la ausencia,
De repente maúlla el gato, ladra el perro,
escucho el lastimero gemir del viento.
Extraño el color de las voces amadas,
una marea vertiginosa me arrastra
hasta el centro del oscuro torbellino...
quizás el equilibrio haya perdido,

no sé si desvarío, no sé si yerro
y otra vez maúlla el gato y ladra el perro,
el viento insiste en su gemir lastimero...
Quisiera escuchar alguna voz de aliento
y sólo escucho mi corazón latiendo,
quiero gritar... me pregunto para qué,
si jamás nadie me podrá responder...

Cierro los ojos abrazada a la almohada,
de aletear, la mariposa no se cansa;
de súbito caigo en el profundo abismo
oscuro, húmedo, perdiendo el sentido...
Nunca nadie lo sabrá... yo ya no existo...

 
 

Volví al punto de partida


Resplandece un diamante
en el espacio distante,
donde mar y cielo se confunden
y lo que es agua parece nube.
 
En mi bote de remos
entre rápidos y contra vientos,
eché la suerte;
me dirigí al infinito celeste,
sin horario y sin sueño,
olvidándome del mundo
seguí la ruta del punto,
a veces entre olas perdido,
otras, en una nube escondido,
de humor haciendo derroche.

De día y de noche
rodeé la esfera morena,
a ratos fulgurante y coqueta,
a ratos oscura y quieta
como si no existiera.

Nunca jamás pisé tierra,
como una noria que da vueltas
me mareé siguiendo su huella;
consumí cien mil calendarios
que no me fueron necesarios,
pues en la bitácora y en mi alma
sólo dos incidentes figuraban,
primero, llegar al punto anhelado,
segundo, bregar por el primero.
 
Yo iba en mi bote de remos,
mi punto en su nube cabalgando,
nunca con él empalmé mi vida;
vacía volví al punto de partida,
él mi presencia sigue ignorando.

Les dejo su web para que la visiten, es maravilloso su sentir.