7 de septiembre de 2011

Confieso que he matado...



He muerto mil veces,
mil veces he muerto...
Caminando por el filo...
Jugando a la equilibrista...
Desafiando el vacío...
Arriesgando el cuello en cada paso...


He muerto mil veces,
mil veces he muerto...
Con cada lágrima...
Con cada tristeza...
Con cada renuncia...


También...


He matado mil veces,
mil veces he matado...
Amores y desamores...
Recuerdos y talentos...


He matado el hambre
buscando la perfecta...
He matado al hombre
buscando la paz...


He matado el sol,
la luz y la sombra...
Transitando noctámbula,
indagando lo oscuro,
lo desconocido...


Y cada una de las veces
que he matado,
he muerto...


Y voy...
Impune...
Sin castigo...
Desnuda...
Despojada...
Mutando con cada muerte...


Explorando el enigma
de la resurrección...




ÚNICA...


Deambula bajo el manto efímero de la noche,

intuye los sonidos de la aurora
que se aproxima lenta pero implacable...
Se somete a caricias forzadas,
trata de soportar...
Presenta lágrimas matinales,
despacha cartas en el Correo
y cuenta árboles por el boulevard...
Suelta gritos breves
y rechaza la tierra de los lechos...
Avanza trastabillando
en un mundo que nunca se apaga...
Y duerme soñando con altas botas
de cuero negro,
una antigua calcomanía en la ventana
y miriñaques dementes...
Compone una caprichosa audiencia,
extingue dinastías,
modula gestos
y evoca la magia...
Atravesando la mitad de la vida
pierde el sendero...
Como aquel moribundo arcángel
de aleteo triste
que acepta migajas
a las puertas del Templo...




Les dejo su Web para que la visiten, es maravillosa, Querida Novia fue un placer enorme conocerte.